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Budismo, meditação e cultura de paz | Lama Padma Samten

Arriba!

Arriba!

Español 08/03/2010

Practicando el darma a través de la meditación

Practicando el darma a través de la meditación

El camino de contemplación y meditación

Hay varias maneras de penetrar en el Darma. Este proceso que describimos ahora comienza con la propia meditación. Pertenece al Mahayana, es un método que combina estudio, instrucción y meditación, está basado en los sutras. No hay ninguna práctica de visualización, recitado de mantras, etc. – por el contrario, es un proceso analítico que utiliza la meditación como instrumento. Utilizamos de punta a punta todos los procesos cognitivos – ninguna práctica conectada a algún yidam o plegarias, sadhanas, en fin, ningún elemento del Vajrayana. No utilizamos ningún elemento construido, es un proceso que busca directamente lucidez sin ningún elemento intermediario que no sea conocimiento y serenidad.

En el Vajrayana creamos para después disolver, aquí no hay visualización de algún yidam, o tierra pura, sólo el noble y sereno sentarse. A través del efecto combinado de la meditación silenciosa y del proceso analítico, removemos todos los elementos hasta reconocer el aspecto incesante de la naturaleza no-construida.

Es un proceso de purificación gradual: a través de la lucidez removemos progresivamente nuestra fijación en lo que fue construido. En ningún momento es necesario tener fe o cualquier otra creencia. No es un proceso intelectual, en el cual generamos una teoría. Tampoco privilegiamos ningún estado mental especial, sea éste instrumento del camino o no, y progresivamente traspasamos los diversos estados mentales, productos de nuestro propio karma eliminando la fijación. Es el camino de disolución de las fijaciones en lo que es virtual.

No consideramos ningún elemento puro o impuro, este análisis no pertenece al proceso, pero reconocemos incesantemente libertades que antes no veíamos. La palabra esencial es libertad. Miramos los procesos mentales y emocionales no el sentido de localizar lo que es bueno o malo, sino el sentido de eliminar las marcas que limitan nuestra libertad.  Cuando removemos los obstáculos la visión se amplía, es sólo esto. No es que existan elementos buenos y malos de hecho. La visión Hinayana funciona de otro modo, lo bueno y lo malo legitiman una visión de mundo. Sin embargo, en la visión Mahayana no tenemos panoramas que puedan fijar visiones finales y elementos positivos y negativos. La visión que tenemos del mundo está determinada por factores sutiles y estos factores son, de hecho, los que nos aprisionan. Focalizamos, entonces, directamente lo que aprisiona, no los elementos buenos y malos creados por la visión condicionada operando desde estos factores sutiles.

Cuando miramos una película, hay cosas buenas y malas, héroes y bandidos, y nos aliamos automáticamente a los elementos que nos son simpáticos. Dentro del contexto de la película decimos: “es más adecuado conectarme a los personajes positivos”, no quiero vincularme a los asesinos, ladrones, violadores, etc. ¿Cómo iríamos a conectarnos con ellos? Así es la visión Hinayana, funcionando según este enfoque, la mente razona según el guión de la película, acepta la historia e intenta seguir los valores positivos. En la visión Mahayana percibimos que hay una pantalla y una luz que es proyectada, entonces podemos librarnos del propio contexto propuesto por el guión de la película, reconocemos que hay un guión y cómo la experiencia de realidad es creada y pasa a dominar nuestras emociones y dirigir nuestra mente. Vemos que nuestra identidad está claramente más allá de aquellos personajes.

En nuestra vida cotidiana es lo mismo. Las experiencias también obedecen a factores sutiles que no reconocemos. Debido a esto, por un sin fin de vidas hemos operado dentro de aquellos patrones sometidos a las experiencias específicas de mundos “virtuales” particulares. La liberación no es estar en un lugar seguro dentro de la película, un lugar limpio y bueno, sino ver que el proceso de la película es construido, es virtual, no es sólido, y, especialmente, que carga en sí libertades reales, aunque ocultas e insospechadas a los que se fijan a la historia. Las libertades son el foco.

Más adelante desarrollamos la capacidad de penetrar libremente en el contexto de la “película incesante de la vida” para ayudar a los seres a reconocer libertades reales, ocultas por la limitación de su experiencia convencional.
Esencialmente lo que hacemos es atravesar estos diferentes panoramas sin quedar ciegos por las visiones que surgen. Nuestro objetivo es encontrar la estabilidad y la naturaleza no-construida que está más allá de las apariencias. Podemos jugar con esto en una metáfora: por mayores que sean los incendios y explosiones en las películas, la pantalla nunca se quema. La pantalla es capaz de sostener las mayores monstruosidades y permanecer incólume, es imposible alcanzarla. Así es nuestra propia naturaleza básica. Conectados a la película, tenemos toda la experiencia de transitoriedad y nos sentimos inseguros.

En el avance de este proceso de ir retirando la solidez de las apariencias internas y externas a través de la práctica de meditación, en un determinado momento, el propio personaje que lo vive acaba desapareciendo. No hay forma de que esto no suceda, el personaje es un proceso construido y la experiencia de libertad frente a él termina apareciendo. En un cierto punto cesa la experiencia de alguien que salta etapas o que pasa por estas experiencias.

La palabra “mundo” es solo una manifestación más de esta separatividad. Hay un punto donde todas las preguntas sobre dios, iluminación, espacio, tiempo, desaparecen Mientras más avanzamos en los aspectos sutiles de este proceso de disolución, menos sentido tienen las teorías, comprensiones y cogniciones. Estas palabras están dentro de la búsqueda de una comprensión de “cómo surgió el mundo”, pero, observe, esta pregunta trae dentro de sí misma la noción de separación. Es la pregunta de alguien que observa algo separado de sí.

Con el progreso de la práctica estos elementos eventualmente desaparecen. En el lenguaje de los maestros: es como una niebla que se disipa, nadie sabe adónde fue; es como un eco, no hay origen para aquel sonido, pero surge. Cuando buscamos el origen, no hay alguien que haya producido el sonido. El efecto existe, pero no hay una identidad que lo produzca.

La experiencia de vidas anteriores, los karmas acumulados, las experiencias de mundo, todo esto es apenas una chispa. Surgen y desaparecen. Todas las complicaciones son así también. En un momento surge samsara entero que dura eones, pero esto no es más que una chispa atmosférica en la eternidad. Es como un sueño. Parece denso, pesado, pero cuando la persona despierta, no tiene importancia alguna. Allí adentro, eso es vital, muy importante. Es como el azúcar en el agua, no sabemos adónde fue. Es como una frágil gota de rocío. También es un halo alrededor del sol – aparece de no se sabe de dónde, y desaparece no se sabe cómo. Tiene apariencia, pero no tiene solidez. Es como un rostro que se ve en una nube. Está allí, nos puede parecer auspicioso, nos puede parecer bonito, podemos encontrarlo parecida al padre, al abuelo. Podemos creer que es un mensaje, pero es solamente una cara en una nube. También como un arco iris – aparece mágicamente y se disuelve mágicamente.

Cuando cruzamos por este punto, cesa la separatividad y percibimos todas las apariencias como experiencias de apariencias. Vemos que toda la densidad anterior existió inseparable de nuestra ingenuidad. No es bueno ni malo, es ingenuidad. Cuando se cruza ese punto, entonces todos los elementos se transforman. La  impermanencia, por ejemplo, deja de ser una desgracia. Comienza a ser evidencia de la libertad. Si las cosas fueran permanentes, no habría cambio, no habría libertad. La evidencia de la no-solidez de todas las cosas es la propia evidencia de libertades ocultas a los ojos ingenuos. Ésta es la descripción del camino Mahayana que utiliza la meditación como proceso principal.

La visión del camino de la meditación

Hay tres formas de introducción al Darma por el camino de la meditación. El primero se refiere a la motivación, el segundo a la felicidad, y el tercero a la descripción del camino espiritual en los términos utilizados por los maestros.

Motivación

¿Para quién es útil este abordaje? Para los seres en peligro inminente o en sensación de desgracia, no funciona. Por ejemplo, para alguien que es atropellado, que se desvanece  en una carretera, no servirá de nada decirle “siéntese en meditación” – no va a funcionar. Otros prácticas pueden ser buenas en este caso, P’howa o algún otra, pero esa no va a funcionar. O la persona está hambrienta, sin comer desde hace dos días, y llega a un centro de Darma: “usted hoy va a recibir instrucciones de Mahayana”. No sirve, es claro. O una persona a la que le dieron un tiro, por ejemplo. Quieren un plato de comida, quieren  cuidados médicos, nada de meditación para ellos. Cuando miramos alrededor, vemos muchos seres con la experiencia de haber sido atropellados, metafóricamente hablando. Nosotros mismos, entre un accidente en el que fuimos atropellados y otro entramos aquí. Somos realmente suertudos…

Después existen seres que no están debajo de las cuatro montañas, no tienen sensación de desgracia, apenas propósitos muy definidos. Están bajo el dominio de un conjunto de ideas que les impide avanzar, todo tipo de ideologías y de fanatismos. Esto incluye los seres que están bajo el dominio de otros. Eventualmente los maridos, las esposas, novios, padres, madres, niños, las personas próximas a nosotros, están en situaciones de este tipo.

Después existen los seres que están en el reino de los dioses. Si el sufrimiento les impide la práctica a los seres, bajo las cuatro montañas, que experimentan el infierno, la felicidad también les imposibilita la práctica a los seres en la condición del reino de los dioses. Tanto la felicidad como el sufrimiento nos aprisionan, nos tornan insensibles al proceso de meditación. Curiosamente esto incluye procesos internos y externos de felicidad, es decir, incluye también los estados meditativos equivocados.

Entonces para el cuarto conjunto de seres, aquellos que concientemente desean una felicidad de tipo más permanente, y que concientemente desean apartarse del sufrimiento, es que va dirigida la enseñanza.

En la conclusión de la explicación sobre la motivación, incluimos la perspectiva Mahayana amplia de querer todo esto no solo para sí mismo, sino para todos los seres.

En esta motivación jamás pensamos en causar mal a los otros o de obtener beneficio propio a costa del sufrimiento de los otros. Al principio solo deseamos la felicidad propia y apartarnos del sufrimiento, es el primer punto y es realmente muy difícil.

Felicidad

Profundizando el concepto de felicidad, podemos dividirlo en dos grupos. La felicidad que depende de factores transitorios, y la experiencia de la felicidad estable que está más allá de las construcciones. El secreto de la motivación budista en relación a la felicidad es, por razones obvias, buscar la segunda opción. La felicidad transitoria que conseguimos hoy, mañana se vuelve sufrimiento.

Una pareja se separa – ¿por qué sucede? Es muy doloroso. Se amaban y tenían una conexión, una casa bonita, dos hijos, un conjunto de cosas que funcionaban y que producían felicidad. En la separación, cada una de estas cosas se vuelve factor de sufrimiento: hijos, amigos, cuenta bancaria. Si están con uno, si se dividen, si están con el otro, en todo los casos sufrimiento. Toda lo que la persona tiene se vuelve factor de sufrimiento, esto es la rueda de la vida, la felicidad dependiente de las condiciones. Cuando la rueda gira, y estamos abajo, toda lo que producía felicidad ahora trae sufrimiento. Así vemos innumerables situaciones. La persona funda una empresa, tiene un socio, todos hacen que aquello crezca, en cierto momento las diferencias causan la separación. El amigo que era solidez, ahora no es más que un enemigo. Si la empresa queda en manos del otro, desea que se hunda. “El está utilizando mi energía vital, no es justo”. Centenares de casos como éste.

Así es la rueda de la vida. No es que suceda solamente con nosotros o solo con los otros – no es una crisis personal – la rueda de la vida es simplemente así. Cuando esto sucede con nosotros, lo mejor que tenemos para hacer es reírnos, “de nuevo la misma cosa”. Querer satanizar al otro, no queda muy bien. Por peor que sea, mejor reir. Sería una ingenuidad razonar en términos de contraposición. Por eso decimos que pensar en felicidad estable dependiente de factores externos, es ingenuidad. Buscamos aquello que está más allá de las construcciones. Con esto cubrimos los dos primeros ítems, motivación y felicidad.

Camino espiritual

Siete formas breves de describir el camino espiritual:

1. Si alguien pregunta qué es el camino budista, decimos que es Noble Camino de Ocho Pasos. Esta respuesta es completa.

2. Si quisiéramos explicarlo de otra manera, podemos decir que es la remoción de los obstáculos que crean la experiencia cíclica. Esta experiencia es lo que crea el aspecto de solidez de lo que vemos. No obstante siempre hemos estado libres de la experiencia cíclica, de la misma forma que la pantalla del cine está naturalmente libre de las explosiones que exhibe.

3. Podemos colocar esto de forma más directa, la naturaleza de nuestra mente ya es  perfectamente luminosa y libre. Entonces, el camino budista es el camino que descubre la naturaleza de nuestra mente como luminosa, leve, libre, etc. Es el camino que nada agrega, nada crea, nada entrena, y nada estabiliza. Dicho así puede parecer extraño, siempre nos ha parecido que estamos entrenando, estabilizando, etc. Lo qué hacemos en verdad es crear una especie de “vehículo del practicante”, y este vehículo va a ser abandonado más tarde. Con nuestro vehículo usual, ordinario, generalmente no alcanzamos la liberación.

En la mitad de la película nos convertimos en Charles Bronson, entonces alguien argumenta que por lo menos nuestras rabias son justas, al estar bajo la forma de Charles Bronson. El punto es que no nos parece justo sentir ningún tipo de rabia, pero inevitablemente terminamos funcionando dentro de aquella lógica. Por esta razón creamos un elemento transitorio. No negamos la coherencia de aquello, forma parte de ayudar a los otros seres percibir la coherencia con que actúan. Sólo que es indispensable percibir que esta coherencia es construida, que existe una libertad adicional. Si negamos la coherencia con que los otros están actuando, les movemos el piso. Por esta razón debemos evitar la visión filosófica. Ésta intenta establecer una nueva visión, pero esto solamente polariza el proceso. Lo mejor es decir que el ser está en lo correcto, pero percibir que existen alternativas. Nuestra habilidad es reconocer la libertad de los otros.

Estos son los varios corolarios del  camino espiritual, varias formas de describir el proceso. “Basta quitar las construcciones superpuestas, disolver una a una las transitoriedades”. Este proceso es dramático, las realidades se sustentan de esta forma.

4. Otra forma de explicarlo es como el camino para tranquilizar la mente.  Normalmente la mente tan solo salta incesantemente de un lugar a otro. Al interrumpir este proceso de giro, ésta retoma su punto de equilibrio natural. La mente no es un proceso estable, casi siempre está ligada al proceso del gallo.

5. Otra forma de explicar el camino entero es decir que es una purificación del cuerpo,  habla y mente, hasta que se conviertan en cuerpo vajra, habla vajra y mente vajra.  El cuerpo, el habla y la mente manifiestan entonces los tres cuerpos de iluminación, Nirmanakaya, Sambhogakaya y Darmakaya.

6. Garab Dorje, el primer gurú humano del linaje nyingma dice: “el camino entero tiene tres etapas, en la primera etapa oímos y generamos la visión, después meditamos con el poder de la visión, y entonces, habiendo liberado los obstáculos actuamos de forma libre para beneficio de todos los seres”. Podemos explicar el camino budista de esa forma: oír, meditar y actuar.

7. Hay además otra forma que se basa en cuatro etapas de entrenamiento de la mente que hacemos incesantemente. Pensamos en las enseñanzas, contemplamos nuestra vida, acciones y objetos mentales desde el punto de vista de estas enseñanzas, meditamos enfocando las cosas a partir de la naturaleza no-construida, y finalmente disolvemos las apariencias y nos liberamos de la apariencia condicionada que las cosas manifiestan.

Estas son varias formas de visión del camino entero. Esto completa la tercera parte de este sobrevuelo de la visión por el camino Mahayana.

Guía de práctica

La práctica en sí es aquí propuesta en 23 etapas sucesivas. El objetivo de esta guía es facilitar la visión y la práctica del camino. Otras formas de organización pueden ser propuestas. El presente abordaje toma la tranquilización y la lucidez como los instrumentos básicos de la búsqueda de la liberación de la experiencia de la rueda de la vida. El método básico es la meditación sentada y la práctica en la vida cotidiana, de tal modo que progresivamente no haya más diferencia entre la experiencia de la meditación y las experiencias anteriores y posteriores.

Las tres primeras son etapas de tranquilización. El objetivo es desarrollar una estabilidad que nos permita mirar la realidad, que nos haga menos reactivos. Si estuviéramos muy reactivos, muy acelerados, sólo reaccionamos y no hay posibilidad de cualquier sabiduría. Estas etapas son para que sepamos que podemos respirar y estabilizar cuerpo, habla y mente. Sin esto no hay posibilidad cualquiera de dirigir el proceso, no hay cómo colocar un vehículo de sabiduría en nuestro camino. En este punto, y aún antes de esto, necesitamos de aquel que va a caminar, aquel que va a generar tranquilidad, aquel que está dominado por una inestabilidad.

Entonces, en la cuarta etapa, seguimos un grupo de actividades que va hasta la décima primera etapa, y en este intervalo trabajamos purificando la motivación. Pensamos, contemplamos, meditamos y reposamos la mente, hacemos esto incesantemente. Con este proceso conseguimos, finalmente, generar la motivación correcta. Calmamos la mente con las primeras tres etapas, y con esta lucidez podemos evaluar la verdadera circunstancia de nuestra experiencia cíclica.

Al principio estamos completamente inmersos en la experiencia cíclica. Entonces, usando esta mente más tranquila, examinando conscientemente los procesos internos con base en esta artificialidad, usamos esta tranquilidad, aunque poca, para examinar profundamente nuestra experiencia cíclica. Vamos a recordar que existe alguien que nos ayuda en este proceso, que existen enseñanzas, que hay seres que pasaron por esto, que generaron una lucidez que se mantiene viva generación tras generación. Entonces examinamos que nuestro cuerpo humano es precioso, que disponemos de condiciones muy favorables, siendo la mayor que Buda vino, predicó el Darma, y las enseñanzas sobrevivieron. Entonces estamos en condiciones de practicar estas enseñanzas. El hecho de que hayamos venido como seres humanos posibilita ese acceso. Estas enseñanzas son raras y casi inexplicables, son transcendentes pero se manifiestan en el mundo condicionado, hay una magia en esto. Entonces reconocemos que tenemos condiciones humanas perfectas, que podemos acceder a esto, y reconocemos que nuestra vida puede ser tocada por las bendiciones de los Budas. Podemos tener la experiencia de una vida realmente preciosa. Esto es lo que se dice respecto a los factores positivos que disponemos. En cada uno de estos casos, oímos, pensamos, reconocemos y examinamos si estamos conscientes de esto mientras actuamos en el mundo.

Entonces, en la novena etapa, reconocemos que estamos bajo el dominio de la impermanencia, que todos esos factores positivos son transitorios y pueden acabar en cualquier momento.

En la décima etapa, reconocemos que aunque hayamos oído enseñanzas, aunque estemos tranquilizando la mente, aunque hayamos reducido el flujo de los pensamientos, aunque oigamos enseñanzas frecuentemente, aun así el karma nos domina. Estamos a su merced, a merced de impulsos.

Entonces surge la décimo primera etapa. Esta es la comprensión de que la dependencia de factores produce sufrimiento inevitable, la dependencia de esos impulsos kármicos inevitablemente produce un sufrimiento, sea ese karma aparentemente positivo o negativo.

La experiencia de sufrimiento es inevitable. Se traduce como vedanas o como jana-marana, o aún como jeti, que son las circunstancias de la vida en que nos sentimos aprisionados (rueda de la vida).

Si realmente oímos, pensamos, contemplamos nuestra vida de acuerdo con estas etapas, cuando llegamos a la décima primera surge una decisión, que es tomar refugio en la naturaleza no-construida. Queremos finalmente alejarnos de todo lo que tenga que ver con la experiencia cíclica. Entonces nos refugiamos en Buda, en el Darma y en la Sanga. Entendemos el significado de esto, oímos largamente al respecto, contemplamos, estabilizamos esto, y finalmente reposamos nuevamente. Hacemos esto con cada uno de los tres refugios. Conscientes de lo que significa, tomamos esa decisión. Tomamos refugio en la propia naturaleza no-construida, representada por Buda, en las enseñanzas que brotan de esa naturaleza y generan libertad en relación a la construcciones.

Los médicos y los enfermeros no rechazan la enfermedad. Desarrollan medios de superar esta común aversión. Tienen apego, no logran ver alguien enfermo que ya van atrás de él. “No se mate, no se tire por la ventana”. Este es un punto muy importante, no nos apartamos del samsara en el sentido “vade retro samsara”, sólo generamos una libertad en relación a este proceso. No es una aversión. Hay una libertad, los médicos andan en medio de la enfermedad. El objetivo es ganar una estabilidad que está más allá de las enfermedades, para ser capaz de moverse en ese ámbito sin incomodidad. Entonces surge todo tipo de especulación: “¿Cuál es la profecía budista para la nueva era? ¿Ser abducido por extraterrestres?”. En la visión budista hacemos el voto de ser el último a ser evacuado. Los otros seres hacen el voto de ser los primeros. Si ven desgracias, huyen. Todos los seres que tienen formación, tienen una conciencia más allá de las desgracias. Los practicantes budistas hacen este voto, el Dalai Lama dijo que mientras haya espacio, él retorna para beneficio de los seres.

Lo importante es colocar la motivación correcta en la comprensión de este tema. La desgracia sucede, no importa si el año se termina o si pasa un astro destructor. En el mundo actualmente mueren 10 millones cada año. No necesitamos ninguna desgracia más. Considerando que cada hombre se casa, promedio, con 2 mujeres, siempre va a haber alguna desgracia involucrada… Calculen el número de novias entonces, es como si fueran luces que se prenden y se apagan en un gran panel… Vean como es vasto el mundo donde los lamas tienen que actuar: 6 billones de seres con pocas oportunidades. La situación es gravísima.

Con estas etapas concluidas, las tres siguientes están amartilladas. Cuando llegamos al punto de tomar los tres refugios, entonces naturalmente vamos a entender la décima quinta etapa. Es importante que examinemos lo que nos lleva a los impulsos de las acciones no-virtuosas de mente. Si están desenraizadas, eso significa que los tres refugios están completos. Las cuatro acciones de habla también son un control de calidad. Si los refugios fueron hechos en verdad, esas acciones no-virtuosas de cuerpo, habla y mente no brotan. Hasta la décima cuarta etapa estamos aún en el primer paso del Noble Camino de Ocho Pasos enseñado por Buda. Para percibir como este estudio es vasto, no han sido descritos específicamente los seis reinos, los doce eslabones, los tres animales – todos estos elementos están dentro de la décima etapa (donde examinamos el karma).

Entonces, al concluir la décima séptima etapa, y la cuarta del Noble Camino de Ocho Pasos, surge una cosa extraordinaria, el primer elemento realmente trascendente. Finalmente hemos eliminado todos los elementos artificiales de seguridad que generamos a través de la experiencia cíclica. Las acciones no-virtuosas han sido nuestro elemento de seguridad – cuando las cosas van mal, o matamos o robamos o tenemos mala voluntad. Son los instrumentos que tenemos para movernos condicionadamente en la experiencia cíclica. Cuando abdicamos de esto, estamos desnudos, completamente expuestos, sin defensas.

En este punto oímos sobre la fe, sobre la naturaleza no-construida. Abdicamos de todo aquello que está basado en un elemento de victoria y derrota. Estamos como en un campo lleno de espinas con la piel desnuda, en ese momento nos abrimos a la experiencia trascendente de Buda. Vivimos finalmente más allá de la experiencia cíclica, y en ese momento surge una estabilidad inexplicable. La serenidad de aquello que es cómo es, no como un elemento de fuerza. Es inmune a una percepción particular, inmune a todas las tribulaciones impermanentes. Es cómo percibir que la pantalla no explota con las explosiones de la película.

En este punto estamos siempre en meditación. En este momento ya tenemos estabilidad en la disolución de las apariencias invasivas. Existen elementos externos que forman parte de ese proceso. En esa etapa aún existe una fe mezclada con una libertad, hay una sensación de abandono y fragilidad. Es como la certeza de un ser muy frágil que mira a los ojos de otro mucho más grande, y no sabe cómo, pero no tiene miedo de ser aplastado. Si lo fuera, no tendría importancia, el grande no es más fuerte que la verdad que anima aquel pequeño ser. La persona simplemente no recula, no penetra en las 10 acciones no-virtuosas. Sin embargo su fe no elimina la sensación de ser destruido, aún hay un vínculo con una existencia individual. El ser es una especie de santo airado y exaltado. Exaltación es una buena palabra, los terapeutas lo mirarían y le mandarían tomar algún remedio… La persona no mira el tamaño del problema, tiene una firmeza inamovible.

Se me ocurre un ejemplo que es del budismo zen. No piensen que sólo los monasterios de hoy tienen problemas. Cierta vez una monja muy linda en un monasterio en Japón, no sé bien cómo, pero era un monasterio mixto, despertó los vientos de uno de los monjes. Vaya uno a saber qué fue lo que le dijo a ella. Él vivía insistiendo, y la monja completamente serena. Un día ella entra desnuda, en una sala llena de monjes meditando, y le dice al muchacho “aquí tienes lo que pediste.”

Es una certeza que cruza cualquier barrera. Ella aún tenía una conciencia individual, una sensación de ganancia o pérdida, pero el otro no puede hacer nada, porque no hay miedo de cualquier tipo. Pero la sensación de victoria está presente, la décima octava etapa es una confianza ilimitada. Esa confianza es lo que finalmente permite la experiencia de una existencia además de las identidades, además de ganancias y pérdidas.

¿Como podríamos acceder a esa región? En las etapas subsecuentes esta se purifica, pero al principio nos preguntamos qué es lo que nos permite la experiencia de estar vivos, qué es lo que nos da la sensación de vida. Esto no depende de una identidad. Cuando percibimos esto, decimos “siempre fue así, nunca fue diferente”. Y esta es una característica de la liberación. Tenemos la sensación de que siempre fue así. Es diferente de una experiencia de construcción. “Nunca había sido así, que locura, ufa, por fin, qué alivio ahora”, cuando decimos esto, es una garantía de que estamos en un estado particular, no en la liberación. Si fuera algo que se logra, eventualmente vamos a perderlo. La liberación no es así. Cuando decimos “ah! siempre tuve esto y nunca lo había visto”, entonces sí tal vez sea una experiencia verdadera.

Finalmente descubrimos que compasión, amor, alegría, ecuanimidad, son cualidades transcendentes. Son cualidades que se manifiestan transcendiendo la identidad. Esto sólo es posible porque hay dieciocho etapas anteriores, subdivididas. Estas cuatro cualidades son como resplandores de la naturaleza no-construida.

Cuando las cuatro cualidades inconmensurables surgen, el aspecto más importante es que son transcendentes, corresponden al décimo noveno ítem de esta guía de meditación. Son cualidades que no pueden ser practicadas dentro de una identidad, por eso se manifiestan de esta forma.

Recapitulando, estamos en el quinto paso del Noble Camino. El primero va hasta el tercer ítem, el segundo va hasta el décimo primero ítem, el tercero hasta el décimo cuarto, el cuarto hasta el décimo séptimo, el quinto hasta el vigésimo ítem de esta guía.

La vigésima etapa trata de seis caminos transcendentes. Son prácticas que solo son posibles mientras no son practicadas por un alguien. De hecho, están más allá de alguien y otro, por eso se llaman “paramitas”, nos llevan en dirección a la margen de la liberación. Si una identidad, aunque mínima, está en la práctica de estas virtudes, no podrían ser llamadas “paramitas”. Las cualidades inconmensurables, como la compasión, por ejemplo, ya son una manifestación más allá de las identidades. La existencia de estas es mayor que la de una identidad, y así también sucede con las paramitas. No es que el Buda beneficie a los seres, él no ve separación entre él y los seres, la mente de él no es local.

La experiencia mayor aún no sucedió. Aún hay alguna solidez en este proceso. Entonces surge la vigésima primera etapa, el Buda se sienta bajo el árbol, y esa estabilidad no es sólo de cuerpo, se relaciona con el “cuerpo ampliado”, digamos así. En nuestra experiencia ordinaria de cuerpo, sentimos algo que nos toca con el codo y nuestra mente opera, estamos centrados en esta experiencia. Este es el límite de la mente que opera a través de los sentidos.

Libres de los sentidos, podemos adivinar cosas para adelante y atrás en el tiempo. Esta es la característica de la liberación. Siempre tuvimos esta característica. Pensamos “mi hija está en casa, ya es tarde, mañana tiene prueba”. Ninguna de estas conclusiones pertenece a la naturaleza de los sentidos, la clase de mañana no es un sonido especial que oímos. Pero hay un sentido de plasticidad, en lo que sería el tiempo y el espacio. Descubrimos que, de acuerdo con este movimiento aparente, tenemos emociones, nos sentimos vivos, tenemos propósitos, urgencias. Esto no es local, ni depende de factores locales, no está geográficamente condicionado.

Lo que pacificamos y estabilizamos ya no es solamente este cuerpo biológico que vemos aquí. Podemos usufructuar la experiencia no construida en cada elemento construido. Primero reconocemos la consistencia de este como inseparable de nosotros, el aspecto del propio objeto como inseparable de nosotros. Normalmente atribuimos significados automáticos cuando permitimos el surgimiento de los objetos. Y, contemplando así, penetramos en esta 22a etapa, el último bloque, en la operación mental que surge junto con la percepción y reconocimiento de las apariencias.

Entramos en esta práctica para percibir cómo se procesan los procesos de cognición. Tenemos 44 formas de atribuciones de significados. Esta etapa está descrita en el “Sutra del Corazón”. Aquí agujereamos el velo de Maya. Finalmente, entendemos al Buda cuando dice “al abrir los ojos los seres miran fijamente la niebla”. Esto queda claro. Hay varias etapas dentro de este proceso: rechazo de la niebla, trascendencia de la niebla o pacificación de la niebla. En determinada etapa consideramos a esto como la prisión, después algo de lo que podemos librarnos, después pacificamos reconociéndola como inseparable de la naturaleza ilimitada, contemplamos con una sonrisa el proceso todo. Eso nos habilita la cuarta forma de lidiar con la niebla: retornar a ella para beneficio de los seres. Vemos que esto es un proceso que siempre estuvo presente, cuando las “fichas caen”, la gente ve que esto siempre fue así.

En la vigésima tercera etapa tenemos el samma-samadhi, una experiencia de absorción en la naturaleza ilimitada, libre de cualquier construcción. Es como si fuera la serenidad absoluta de la naturaleza no-construida. En relación a esto, existe una completa liberación de la individualidad, no hay ninguno “yo” involucrado. Esto es particular, el samsara cesó, cuando el Buda se levanta vuelve a los ojos que reconocen la naturaleza libre de los seres. Es la liberación del karma. En la vigésima segunda, hay una discriminación completamente libre. El Buda pasea por todos los mundos, ve a los bodisatvas, se reconoce inseparable, instantáneamente conectado con todos ellos. Entendemos entonces cuando el Buda describe que “todos los fenómenos manifiestan el sonido del Darma”. Esta es la vigésima segunda etapa. En samma-samadhi el Buda no está más en un mundo mirando más allá de las apariencias, él cesa la experiencia de los mundos. Pero aun así, aún sin perder la libertad, él retorna para beneficio de los seres.

Samma-samadhi es el nombre técnico del octavo paso del Noble Camino, que corresponde a la iluminación, al vigésimo tercer ítem de esta guía, es Darmakaya. Los Budas con esta visión ilimitada se manifestan en los distintos mundos particulares. A partir de Darmakaya incesantemente surgen los cuerpos de la iluminación. En la vigésima tercera etapa él no ve a los seres de forma separativa. Entonces él emana los cuerpos inseparables de la iluminación. No genera Sambhogakaya porque hay una “pérdida de calidad”, esto se da porque en este momento la forma es pura. Los Budas están fuera de la rueda de la vida, ellos no están jugando a ningún juego, aunque sus formas surjan. La forma normalmente genera impulsos, al estilo de la víbora y del gallo, y entonces tenemos conciencias separadas de todas las cosas. Estas son las tres experiencias correspondientes a la rueda de la vida. Los Budas están libres de los tres animales.

De hecho, la propia experiencia de la “mente” cesa en la vigésima segunda etapa, ella normalmente opera inseparable del gallo, exige una operación conjunta con la percepción condicionada automática. La naturaleza más sutil del gallo es la percepción. Cuando vemos A, B surge al lado. Cuando vemos cualquier objeto, decimos “me gusta aquel color”, y del proceso de percepción brotan los vientos correspondientes. En la vigésima tercera no hay ninguno más, para que aquel exista es necesario algún tipo de apego. El proceso separativo en sí ya cesó hace más tiempo, desde la décima octava etapa. Pero aún resta un apego a los objetos. Cuando este es elucidado, hay un proceso automático de revelación de significados. La mente, aquello que opera hasta la décima octava etapa, aquí entra en la etapa de disolución.

La iluminación es nuestra condición natural, si es de la mente, entonces tenemos que usar la palabra “mente” en un otro sentido. Pero la naturaleza última existe, de lo contrario creamos otra dualidad. La mente es una expresión de la naturaleza última, pero esa experiencia convencional de mente que nosotros tenemos inevitablemente va a cesar. Esa experiencia depende de un personaje que juega a un juego. Dentro de la compasión la mente aún opera, pero hay un punto en que va a operar más, pero sigue la naturaleza ilimitada que genera los incontables mundos. El Buda se manifestó a través de esto. Él se valió de un cuerpo. Cuando la muerte llega él dice “yo no vine y yo no voy”. Todo el mundo entiende un Buda que vino, él dice “vine a un mundo de ensueño a predicar un Darma de ensueño para seres de ensueño”. Él siempre poseyó la percepción ilimitada, él siempre fue Darmakaya. Pero los seres mantienen una noción geográfica – él nació allí e hizo tales y tales cosas, y las personas logran solo verlo de esta forma, lo que en sí mismo es un milagro, ¡que él haya surgido históricamente!

Aquello que piensa, escudriña, necesita elementos sólidos. Cuando estos no surgen más, resta la mente ilimitada. Esa naturaleza es poderosa en el sentido de que puede generar los propios procesos limitados, la naturaleza de Darmakaya es libertad.

Es bonito ver cómo se describe el surgimiento del cuerpo humano en las enseñanzas vajrayana. En un principio, es auto-generado, se desplaza a través de las montañas, está más allá de la geografía. Es el aspecto más sutil de nuestra identidad, y esta es auto-surgida, es translúcida. Esta se desplaza y después va agregando elementos que van solidificando ese proceso, y capa por capa surge esta apariencia que tenemos ahora. Cuando de Darmakaya comienzan a surgir las formas, estas no se establecen con huesos y células, pero cuando miramos esto más de cerca, vemos que ella nunca se disolvió para dar lugar la carne y huesos, todavía hoy es etérea. Entonces podemos percibir esta característica: sigue operando y sigue estruturándose. De la misma manera que un casamiento se estructura, con un coche, una casa, un papel, familias que se entrelazan, esto crea una solidez. Todo comenzó cuando uno miró al otro en el banco escolar. Si la semana siguiente ella se hubiera enfermado y no hubiera aparecido en la clase, no habría casamiento.

Cuando recitamos “gate gate paragate parasamgate bodhi soha”, estamos expresando la superación del velo. Sin superar el velo no hay cómo. Este representa el “Sutra del Corazón”, que libera todo eso. Sin eso el proceso continúa, la mente puede ser más amplia, pero es la mente, “gate gate” corresponde a cruzar el río, por eso es considerado el maha-mantra, el mantra que no tiene ninguna construcción. Por eso los bodisatvas-mahasatvas no tienen miedo, reposan más allá de las construcciones. El “Sutra del Corazón” es así llamado porque es el centro, el núcleo de la sabiduría transcendental revelado a través de los 44 ítems de contemplación señalados en el sutra. Vemos allí que “la forma es vacío, el vacío es forma, la forma no es diferente al vacío”, y así en más con muerte, iluminación, uno por uno de estos ítems. Cada uno tiene 4 aspectos que tienen que ser reconocidos, entonces multiplicamos y tenemos 176 puntos de contemplación. Viendo esto entendemos porqué Asanga se quedó doce años en retiro, porqué Bodidarma se quedó 9 años frente una pared y porqué el propio Buda practicó por seis años en reclusión en el bosque.